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Y si hoy es domingo, esto es el Termómetro de persecución religiosa, con no pocos escenarios en esta edición.
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"Si no lo crees, no lo entenderás" (S.Agustín)
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Pocket : Cristianos perseguidos: cuando el miedo te acompaña.
Un nuevo reportaje de HO muestra que los cristianos perseguidos en otros países y que encuentran refugio en España también son amenazados por islamistas en nuestro país.
REDACCIÓN HO.- A través de una familia de Pakistán que ha escapado de la persecución en su país y han llegado a España, HO ha conocido que también aquí sufren la persecución del fundamentalismo por ser cristianos.
Akram no puede volver a su país, Pakistán, porque quemaron su casa y sería asesinado junto a su familia si regresara por haberse manifestado en público en contra de la ley de la blasfemia que tanto daño está haciendo a los cristianos. Pero tampoco puede quedarse en España, porque aún no le han dado el Estatuto de Refugiado al que tiene derecho. El Gobierno no contesta a sus peticiones. El nombre de Akram es ficticio. Su historia es real. ¿A qué espera el Ministerio del Interior para reconocerlos como perseguidos por causa de su fe y concederles el Estatuto de refugiados?
Hay muchos cristianos que han tenido que huir de su país y en España todavía son discriminados cuando se identifican como cristianos entre sus compatriotas musulmanes. Están contentos de estar en España porque aquí pueden ir a la iglesia libremente, pueden llevar abiertamente símbolos religiosos, pueden leer la Biblia libremente y acudir a las celebraciones religiosas de Navidad, Semana Santa y el resto de fiestas. Pero siguen atemorizados por los grupos islamistas activos en España y temen identificarse como cristianos entres sus mismos compatriotas.
Nadia Eweida: “Si Jesús está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” | HazteOir.org.
CFUENCISLA | VIE, 10/05/2013 – 15:41

La empleada de British Airways despedida por llevar una cruz ha participado junto a Mons. Maroy, Arzobispo congolés, en la presentación de la III Jornada sobre Libertad Religiosa, que se celebra esta tarde en la Universidad CEU San Pablo de Madrid.
REDACCIÓN HO.-Nadia Eweida, la empleada de British Airways despedida de la compañía por llevar una cruz al cuello, recibirá esta tarde el premio a la Defensa de la Libertad Religiosa, que otorga la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, dentro de los actos programados en laIII Jornada sobre Libertad Religiosa, que se celebra hoy viernes, 10 de mayo, a partir de las 16:00 h., en la Universidad CEU San Pablo de Madrid.
En la rueda de prensa celebrada para presentar la Jornada, Nadia ha destacado que “ha merecido la pena esta batalla” que ha librado durante siete largos años de lucha, tras los que ha conseguido que el Tribunal Europeos de Derechos Humanos le diera la razón.Nadia ha insistido en que en Occidente “los cristianos no tenemos que avergonzarnos de nuestra fe” y se ha mostrado partidaria de llevar visibles los símbolos, como la cruz, sin complejos, dándoles el sentido verdadero. “Si Cristo está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”, ha reiterado en sucesivas ocasiones esta cristiana copta en alusión a la defensa de la libertad religiosa en Europa.
Por su parte, Mons. Maroy, Arzobispo de Bukavu, en la R.D. del Congo, ha afirmado, queincluso en un país asolado por sucesivas guerras donde la Iglesia es perseguida, “no tenemos que callarnos ni dejar de anunciar la Buena Nueva”. “Creemos que el mensaje de Cristo, que es un mensaje de amor, es válido para todo el mundo. Queremos convertir las armas en la Cruz de Cristo”, en nuestro país, ha afirmado el prelado de Bukavu.
III Jornada sobre Libertad Religiosa
Para marcar la X a favor de la Iglesia…
Si realiza la Declaración de la Renta usted mismo: no olvide que tiene esta opción y que basta con marcar la casilla de la Iglesia católica para colaborar.
Si le ayuda un tercero (oficinas de Hacienda, asesor fiscal, un familiar o algún Banco o Caja, etc.) no olvide recordarle que su deseo es marcar la casilla a favor de la Iglesia católica.
Si usted ha recibido el borrador en casa y desea modificarlo puede hacerlo:
Por Internet: en el impreso que ha recibido se le facilita una clave alfanumérica de acceso restringido a su borrador que le permitirá hacer las modificaciones que considere oportunas a través de la web de la Agencia Tributaria: www.agenciatributaria.es
Personalmente: en las oficinas de la Agencia Tributaria previa cita concertada a través de Internet o en el teléfono 901 22 33 44

El dinero que la Iglesia recibe no proviene de los Presupuestos Generales del Estado sino de la voluntad libre de los contribuyentes al marcar la X a favor de la Iglesia en la Declaración de la Renta. Todos los meses el Estado da algo más de 13
millones de euros pero es a cuenta del dinero del resultado del IRPF.
Es incorrecto decir que el Estado subvenciona a la Iglesia porque si ningún contribuyente marcara la X de la Iglesia en la Declaración de la Renta, la Iglesia no recibiría nada por esa vía.
299.308.411 € se destinan a la actividad caritativa y asistencial a través de Cáritas y Manos Unidas. Pero junto al dinero, está también el apoyo, la compañía, el consuelo, la esperanza… Lo que de verdad una persona puede dar por los demás.En 2010, la Iglesia atendió a 4.165.250 personas. Es un 56,5% más que el año anterior. Y subiendo…

I have previously pointed out in this space that G.K. Chesterton prophetically defended marriage and the family as the foundational institution of our society against all the present attacks and degradations of it. I am now going to point it out again. With last year’s loss in Minnesota on a constitutional amendment defending marriage, and the hundreds of thousands supporting traditional marriage in France today, the importance of this topic is something that we cannot possibly emphasize too much. And when we have at our disposal Chesterton’s incisive articulation of the truth, we should pick up this sword and swing it.
Chesterton anticipates the attack on marriage and even predicts: “the next great heresy will be an attack on morality, especially sexual morality.” Likewise, he says there will be a “fanatical hatred of morality, especially of Christian morality,” and it will be difficult even to discuss morality because immorality will purposely be made muddled and indefinite. “The heretics who defend sexual manias will never admit that they are anything but chaste.” He rightly says we have “passed the point of uncovering shame: and can only uncover shamelessness.”
Estadísticas de algunas actividades de la Iglesia.
En 2010, la Iglesia atendió a 4.165.250 personas. Es un 56,5% más que el año anteriores.
Descubre aquí la amplia labor de la Iglesia en España.
| Centros | Asistidos | |
| Hospitales | 75 | 1.006.308 |
| Ambulatorios / Dispensarios | 59 | 441.776 |
| Casas ancianos, enfermos crónicos y personas con discapacidad | 848 | 67.052 |
| Centros educación a la paz | 20 | 12.561 |
| Centros culturales y artísticos | 206 | 164.031 |
| Centros promoción del trabajo | 301 | 83.404 |
| Centros para mitigar la pobreza | 2.183 | 1.784.307 |
| Centros de asistencia a emigrantes y refugiados prófugos | 711 | 488.921 |
| Centros de rehabilitación para drogodependientes | 72 | 22.701 |
| Guarderías | 231 | 27.646 |
| Orfanatos y Centros de Tutela de la Infancia | 168 | 21.243 |
| Consultorios familiares y otros centros de defensa de la vida y de la familia | 301 | 25.775 |
| Centros Víctimas de la violencia o exprostitutas | 56 | 5.150 |
| Centros de Asesoría Jurídica | 57 | 14.345 |
Amplía la información en: http://www.portantos.es/labor-de-la-iglesia/99-estadisticas-de-algunas-actividades-de-la-iglesia
vía “yo soy Iglesia http://yosoyiglesia.blogspot.com/2013/03/tenemos-papa-gracias-dios-su-santidad.html”
No nos quedemos con la duda o la zozobra sembrada por los medios ignorantes o malintencionados. Compartirlo, enviarlo, leerlo y leedselo a quien sienta, sin fundamento, que la fe se resquebraja. Nada de eso:
ESTO ES LO QUE REALMENTE HA DICHO EL PAPA SOBRE EL BUEY Y LA MULA … (nada que ver con lo que se inventan los medios de comunicación a tenor de su nuevo libro).
Hay que ver la que se ha armado por una nimiedad: el buey y la mula en el pesebre. Pero hay algo que subyace en la crítica al Papa que no me parece tan nimio. Hay católicos que parecen disfrutar poniendo al Papa a caldo. Como si estuvieran deseando pillarle en un renuncio para echarse como buitres sobre él. Y ahora por el buey y la mula. Qué ya son ganas de armar el belén por una tontería.
El buey y la mula no están en los Evangelios. Y eso es lo que ha dicho el Papa en su nuevo libro. Y en lo que tiene toda la razón. No hay nada que autorice a asegurar que el Niño Dios nació acompañado de un buey y una mula.
En un determinado momento aparecieron ambos animales en el portal de Belén y han tenido éxito. Pues muy bien. El Papa no manda que se retiren de los nacimientos. Tampoco el castillo de Herodes que en muchos belenes se divisa desde el Portal estaba allí. Ni hay la menor constancia de que un Mago fuera negro. Ni de que respondieran a los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Nada de eso, además, constituye el fundamento de nuestra fe.
Tenemos que creer que el Hijo de Dios, por nosotros y para nuestra salvación, nació de María Virgen. Quien ponga eso en duda no es católico. Lo del rey negro, el castillo de Herodes, el buey y la mula, las gallinas, patos, cerdos, conejos y demás animales que aparecen en muchos nacimientos, el río de papel de plata, etc., etc. son añadidos de la imaginación humana. Encantadores añadidos que no hay por que suprimir. Pero que Joseph Ratzinger, como teólogo privado, que en esa condición escribe el libro, hace muy bien en decir que eso no es Evangelio. Porque no lo es.
¿De dónde vinieron el buey y la mula? Vayan ustedes a saber. Quizá, es muy probable, que María, encinta, viajara sobre un jumento. Que naturalmente allí estaba cuando nació Jesús. Evidentemente si hubiera encontrado sitio en la posada el asno se hubiera quedado fuera. Pero no hubo sitio para ellos. El sentimiento católico, abrumado por la soledad del nacimiento de nuestro Salvador, ante la falta de compañía humana pudo querer darle la de esos dos animales. Que le darían además calor. Y no querían los creyentes que el Niño Dios pasara frío. Cabe también otro fundamento más intelectual, el buey y la mula del capítulo I, 3 de Isaías: “El buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende.”
Hemos de notar que probablemente también tuvo un cierto influjo la versión griega de Habacuc 3, 2: “En medio de dos seres vivientes… serás conocido; cuando haya llegado el tiempo aparecerás”. Con los dos seres vivientes se da a entender claramente a los dos querubines sobre la cubierta del Arca de la Alianza que, según el Éxodo (25, 18-20), indican y esconden a la vez la misteriosa presencia de Dios. Así, el pesebre sería de algún modo el Arca de la Alianza, en la que Dios, misteriosamente custodiado, está entre los hombres, y ante la cual ha llegado la hora del conocimiento de Dios para “el buey y el asno”, para la humanidad, compuesta por judíos y gentiles.
En la singular conexión entre Isaías 1,3, Habacuc 3, 2, Éxodo 15, 18-20 y el pesebre, aparecen por tanto los dos animales como un representación de la humanidad, de por sí desprovista de entendimiento, pero que ante el Niño, ante la humilde aparición de Dios en el establo, llega al conocimiento y, en la pobreza de este nacimiento, recibe la epifanía, que ahora enseña a todos a ver. La iconografía cristiana ha captado ya muy pronto este motivo. Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno”.
Recordar que el origen de los belenes se sitúa en plena edad media. Se cree que fue San Francisco de Asís, fundador de la Orden Franciscana, el iniciador de la representación del nacimiento entre los años 1200 y 1226. En la Navidad de 1223, estando en la ermita de Greccio, una fuerza divina lo impulsó a reproducir en vivo el misterio del nacimiento, para lo que pidió la autorización al Pontífice Honorio III. El hecho lo narra San Buenaventura y Tomás de Celano. San Buenaventura.
Pero “Como se ha dicho, el pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen.
Pero todo ello son elucubraciones humanas posteriores que nos trajeron a esos dos animales al nacimiento pero que en el Evangelio no están. Y eso es lo que dice el Papa.
Allá cada cual lo que haga en el nacimiento de su casa, si quieren seguir teniendo buey y mula. Sin que ello suponga para nada contradecir al Papa. Tal vez pongas tres Reyes Magos, uno negro, Baltasar, y un río de papel de plata y el castillo de Herodes. Y seguiremos amando al Papa y no buscando el menor resquicio para censurarle. Conscientes como somos de que son mucho más importantes el respeto y el amor al Vicario de Cristo que el buey y la mula en el portal de Belén.
Como se ve, el pensamiento del Papa no da pie a nada de lo que ahora se está escribiendo. Tenemos un Papa extraordinario que se merece nuestro amor y no unas críticas sin fundamento alguno.
Tomado de https://www.facebook.com/groups/christifideles.tau/permalink/452408821463449/
Tomado de catholic.net:
Autor: Maribel German Relativismo Moral
El hombre es la medida de todas las cosas….
Hace unos días, estando en una reunión de amigos, salió a la conversación el famoso y trillado tema del aborto. La discusión nos involucró cada vez más a todos. Hubo todo tipo de argumentos y posiciones encontradas: por un lado, el que decía que el aborto es un derecho de la mujer sobre su cuerpo; otros opinaron que la pobreza en nuestro país es tan dramática, que había que practicar el aborto en zonas marginadas (para que no vinieran más niños al mundo a sufrir); unos más argumentaban que el feto no es una persona, sino sólo un conjunto de células; y no faltó el que alegó que desde el momento de la concepción el feto posee toda la información genética propia de un ser humano, y que por tanto tiene derecho a vivir. Posiciones, me parece, con las que nos hemos encontrado todos algún día.
Sin embargo, en un momento de mayor acaloramiento, hubo uno que creyéndose un poco más listo que los demás -y por supuesto más “moderno”-, nos dijo a todos lo siguiente: Pero… ¿por qué discutir?, Ximena tiene su propia verdad sobre el aborto y Pedro la suya; lo más importante en esta vida es ser “tolerante”, porque la verdad es “relativa”. Y con esto pretendió dar fin a la conversación…
Paradójicamente mi amigo tratando de mostrar una actitud abierta, plural y moderna, no hizo sino afirmar un criterio que planteaba como absoluto y no discutible. Al decir que “la verdad es relativa”, nos ofrecía una “verdad” que nadie podía relativizar ni refutar.
Por otro lado, he de decirle a mi amigo que su actitud “moderna” ante la verdad, no lo es tanto, pues no tiene sus raíces en este siglo, sino en el muy lejano siglo V A.C., cuando Protágoras postulaba la siguiente tesis: “El hombre es la medida de todas las cosas…” , y con ello dio inicio al relativismo intelectual en donde no son las cosas -la realidad- la que posee su propia “medida”, su propio ser; sino que es el hombre el que determina dicha medida y verdad. Por tanto, para que el conocimiento del hombre sea verdadero –según Protágoras-, éste no debe someterse a la realidad, al ser y “medida” de cada cosa, sino que es el intelecto del hombre el que determinará la medida para cada ser.
Ante dicha tesis, podemos preguntarnos: ¿Dónde queda para Protágoras -al igual que para el hombre moderno-, el criterio que garantice la objetividad y universalidad de la verdad? Ese criterio que nos lleva a poder entendernos con el lenguaje, ya que somos capaces de denominar con un mismo nombre al mismo ser, de determinar sus características esenciales y de hacer un concepto universal del mismo. Si cada cual tuviera una percepción diversa y determinara arbitrariamente el ser y “medida” de la realidad, ¿acaso seríamos capaces de comunicarnos los hombres?
A la tesis de Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas…”, responde Platón a manera de crítica: “si el hombre es la medida de todas las cosas, en consecuencia, como a mí me parezca que son las cosas, tales serán para mí, y como a ti te parece que son las cosas, tales son para ti”; de tal modo que, si a Juan le parece que todos los hombres necesitan respirar para vivir, y a Pedro le parece que no es necesario que el hombre respire para que pueda vivir, en efecto, cada uno tendrá una percepción y una “medida” diversa de la realidad, pero también unas consecuencias diferentes.
La pregunta es si la percepción de Pedro o de Juan ¿cambiarán en algo el hecho real de que el ser humano, “todo ser humano”, necesite de respirar para mantenerse vivo?, Y más aun, ¿qué consecuencias concretas se sucederían si Pedro fuera coherente con su percepción y “medida”?
Para Protágoras “el conocimiento es algo del sujeto, algo que se da en su mente, por lo que el hombre puede crearlo y presentarlo como mejor le acomode; es cuestión de habilidad”. Pierde entonces la dimensión objetiva, trascendente y universal de la verdad, al pretender que el hombre sea medida de la misma. No hay entonces criterio alguno de verdad, la medida será arbitraria y, al depender del hombre, de cada sujeto, habrá una pluralidad de verdades tan infinita como la pluralidad de hombres existentes (tal y como pretendía mi amigo con su actitud “moderna”).
Según la filosofía realista, la verdad es “la conformación entre el entendimiento y la cosa (o realidad)”, de tal manera que la verdad está en el intelecto, en el sujeto –y en este sentido se dice que es subjetiva-; pero sólo una idea o concepto tendrá la categoría de verdad, cuando ésta se adecue a la realidad del objeto –y es en este otro sentido que podemos afirmar que la verdad es objetiva-. Es decir, la verdad efectivamente radica en la inteligencia del hombre, pero sólo podemos decir que alguien posee un conocimiento verdadero, por ejemplo sobre el agua, cuando el juicio de la inteligencia acepta que el agua es un compuesto de H2O. Si la inteligencia de Luis nos dice que el agua es un compuesto de H3O, entonces decimos que la proposición que Luis afirma es falsa y no verdadera, porque no se adecua a la “realidad” del agua.
A diferencia de Protágoras -y en general de los relativistas-, observamos que Tomás de Aquino pone hincapié en que la objetividad de la verdad sólo puede fundamentarse en la res o cosa, en la realidad misma. De tal manera que afirma que si la verdad es la adecuación de la inteligencia con la realidad, “resulta entonces que la cosa misma es la medida de nuestro entendimiento (res enim est mensura intellectus nostri)”.
En conclusión decimos que, sí hay un parámetro o criterio objetivo de verdad, y que éste hace referencia a la naturaleza misma de las cosas, a lo que las cosas son, y no a lo que arbitrariamente pretende el hombre individual –cada hombre- que sean.
Protágoras, precursor como hemos visto del relativismo, no hizo sino crear una falacia sobre la cual se fundamenta uno de los tipos de relativismo: el relativismo individualista. La tesis: “el hombre es la medida de todas las cosas…”, no hace sino expresar “aquella forma de relativismo para la cual el elemento condicionante de la verdad del juicio será el sujeto cognoscente individual, es decir, todos y cada uno de los hombres. La estructura de cada sujeto humano determinará la verdad del juicio”.
Esta forma de relativismo llamada individualista, propicia una postura arbitraria del hombre ante la verdad, ante el conocimiento de la realidad que; llevada al extremo, va creando en el hombre no sólo una actitud ante la verdad como algo abstracto, sino ante la verdad concreta sobre el hombre y el cosmos, lo cual puede tener serias implicaciones para la convivencia entre los hombres y de los hombres con el cosmos.
Por ejemplo: si un individuo ha determinado en su juicio “personal” (en su propia medida de la realidad) que el incendio de bosques es una actividad divertida, y lo pone en práctica, está destruyendo un bien objetivo que pertenece a todos los hombres, y que no podemos permitirlo, aunque a la persona en cuestión le parezca divertido y recreativo en “su medida y en su personal juicio”.
De igual manera pasa con los juicios de valor moral: si la moral es la ciencia que estudia la bondad o maldad de los actos humanos, decimos que debe existir una verdad sobre los mismos, y que es el hombre el que debe adecuarse a esa verdad y no pretender adecuar la verdad a su “medida” o conveniencia.
Pero, ¿qué tipo de verdad podemos conocer sobre la actuación libre del hombre, sobre la bondad o maldad de sus actos? La verdad que nos aporta el conocimiento de la naturaleza humana. Sabemos que la bondad hace relación al bien del hombre, por lo que, para determinar objetivamente que algo es bueno, tenemos que demostrar que efectivamente es bueno para el hombre, esto quiere decir que lo perfecciona, desarrolla, plenifica -como un ser inteligente, libre, capaz de amar y trascender-, y que, por consecuencia, lo lleva a la felicidad como a su fin propio. Por el contrario, algo es malo cuando corrompe, destruye y/o limita al hombre y por consecuencia lo hace infeliz. Este criterio nos ayuda a determinar de manera objetiva la moralidad de la acción humana, pues está basado en la naturaleza o ser del hombre y no en una medida o criterio subjetivo.
Como podemos ver, es fundamental el concepto de hombre que tengamos. Hay que aspirar a un conocimiento de la persona humana que sea integral y veraz, ya que, si mi concepto de hombre es falso, limitado o parcial, la moralidad de las acciones será juzgada también con falsedad o parcialidad. Concebir al hombre como pura materia y negar, “porque esa ha sido mi medida sobre el hombre”, la dimensión espiritual, libre y trascendente del hombre, me llevará a dar un juicio de valor positivo sólo a aquellas acciones que desarrollen al hombre materialmente (ya sea en su dimensión corporal, económica o de capacidad de gozo y placer). Por el contrario, si mi concepto de hombre es únicamente de un ser espiritual, daré un juicio de valor positivo sólo a las acciones que lo desarrollen espiritualmente (en su dimensión religiosa, trascendente, intelectual, volitiva…), tratándolo tal vez como un ángel y no como quien es.
Ninguna de estas visiones sobre el hombre se adecua a la realidad del mismo, ya que analizando el ser y el actuar del hombre, observamos que éste realiza actos sensitivos (materiales) como el moverse, comer, respirar…, pero también realiza actos de tipo intelectual (espirituales o inmateriales) como pensar, amar, elegir… Por tanto, el hombre es un ser tanto material como espiritual, es corporal, pero tiene inteligencia y libertad, por lo que necesita, para su pleno desarrollo, de la adquisición de bienes de índole material, pero también de índole espiritual. Y como lo que regula la conducta del hombre es su inteligencia y voluntad (capacidades superiores en el hombre), todos los bienes que el hombre adquiere deben ser ordenados por su inteligencia. Cuando el hombre adquiere un bien de manera desordenada, ese bien se convierte en un mal para él, porque no lo perfecciona sino que, por el contrario, lo corrompe o aniquila. Por ejemplo, si Lucía utiliza una droga como medicamento, esa droga es un bien, porque está ordenada a la mejora y salud de Lucía, pero si Lucía utiliza una droga para experimentar los efectos de placer que trae consigo, esa droga no sólo no le ayuda en su mejora personal, sino que le es dañina y destructiva.
Podemos concluir que: si un hombre decide inventar criterios de moralidad alejados de la naturaleza humana, de su perfeccionamiento, finalidad, y del bien que le corresponde de suyo, esos criterios -aunque “medidos y determinados” por un hombre concreto-, no dejarán de ser erróneos y de lastimar y dañar su naturaleza.
Por otro lado, si rechazamos como fundamento de la moralidad a la naturaleza humana, sucede que la moralidad entera se nos desmorona, ya que la moralidad quedará al acecho de una voluntad egocéntrica que busca fijar sus propios principios de actuación aunque se dañe a sí misma, a sus semejantes o a otros seres de la naturaleza. Lo importante para esa voluntad será únicamente “ser la medida” y no someterse a una medida ya dada.
Pensemos y reflexionemos por unos minutos sobre nuestra realidad más cotidiana… ¿No es verdad que la mayoría de las veces en que negamos la verdad de un criterio moral, es en el fondo porque buscamos justificar una conducta inmoral? No es extraño ver que quien ha mantenido relaciones sexuales con una persona que no es su cónyuge, y no “quiera” dejar o romper con dicha relación por el placer o adicción que le provoca, acabe por buscar argumentos que justifiquen su actuación, al punto muchas veces de llegar a negar que la fidelidad sea un criterio verdadero y bueno para el matrimonio.
Si negamos que la verdad es universal y tiene como fundamento la naturaleza de cada ser, nos podemos preguntar: ¿dónde se fundamentan y encuentran su cimiento los derechos humanos, esos derechos universales y válidos para todos los hombres…?
Vivimos en una época en donde el hombre, buscando ser “la medida de todas las cosas”, pretende ser el árbitro y medida incluso de los derechos humanos, esos derechos inalienables que nos corresponden a todos los hombres por el hecho de serlo (es decir, por naturaleza). Tal es el caso de la negación del primer y fundamental derecho: el derecho a la vida. ¿Por qué hemos cuestionado este derecho? ¿Por qué en tantas legislaciones observamos que el derecho a la vida ha quedado desprotegido, despenalizando el aborto o la eutanasia? ¿Por qué buscamos tantos argumentos falsos que justifiquen quitarle la vida a otro?
Hemos permitido que “el hombre sea la medida de todas las cosas…”, incluso de los demás hombres. Un grupo de personas deciden y pactan en una legislación que los niños que tienen alguna malformación genética “No tienen derecho a vivir”, ¿acaso no es éste el mismo crimen que cometió Hitler al determinar y decidir que los judíos no tenían derecho a vivir? En ambos casos, el (o los) hombres han pretendido ser “LA MEDIDA”, la medida que determine quién tiene derecho y dignidad de persona y quién no.
Las normas éticas no son producto de condicionamientos sociales o culturales, tampoco son el resultado de la llamada “evolución histórica”, y mucho menos de una suma de voluntades o de una única voluntad caprichosa. O las normas éticas se fundamentan en la naturaleza humana, en lo que es el hombre, en la dignidad que tiene por sí mismo, en su finalidad intrínseca –ser feliz y trascender-, o no tienen fundamento alguno. Y si acabamos con las normas éticas y con los derechos humanos, seamos honestos, vamos en camino de acabarnos los unos a los otros.
Ahora bien, las leyes morales, objetivas y universales, sólo pueden ser descubiertas por el hombre analizando con profundidad al hombre mismo. Este es el reto, descubrir la verdad sobre el hombre y adecuarse a esa realidad y medida. Si el hombre busca a toda costa imponer su propia medida, va en camino de destruir lo que le rodea y de destruirse a sí mismo; ésta es la triste consecuencia que nos espera.
Como vemos, el relativismo no es sólo una actitud teórica y abstracta, es una realidad que permea nuestra vida cotidiana. Por eso me pregunto ¿no será acaso esa actitud de vida que hemos asumido, esa falta de compromiso leal con la verdad, lo que ha llevado al hombre al vacío existencial en el que vive, a no encontrar su plenitud y verdadera felicidad?
El hombre no es feliz siguiendo caprichosamente su propio placer e imponiendo su propia y egoísta medida a las cosas; no es feliz con una actitud relativa ante el mundo, los demás y él mismo. La experiencia y la vida diaria nos indican que el hombre sólo es feliz cuando conoce la verdad y actúa en consecuencia, cuando busca y se compromete con el auténtico bien, en definitiva, cuando se dirige al fin al que por naturaleza tiende.
No nos engañemos: el hombre sí es capaz de conocer la verdad y de seguir el bien. La postura relativista no es sino una antigua postura que busca hacer del hombre el centro del universo y pretende adaptar la verdad a la conveniencia del momento. Sin embargo -como hemos visto-, esta postura no tiene fundamento alguno y es en sí misma contradictoria. La propuesta es tener una actitud sencilla y leal para con la verdad, y ser valiente en la elección del bien. Este es el camino que lleva al hombre a encontrarse consigo mismo, a relacionarse con los demás y a respetar la naturaleza, en definitiva sólo esta actitud de lealtad y compromiso con la verdad lleva a la auténtica felicidad, a la felicidad profunda y duradera.
BIBLIOGRAFÍA:
1. Oliveros F. Otero, Educación y Manipulación, Editorial Minos, 1987.
2. Gevaert Joseph, El Problema del Hombre, Ediciones Sígueme, Salamanca 1993.
3. Damm Arnal Arturo, Falacias Filosóficas, Editorial Minos, México DF, 1991.
4. Yepes Stork Ricardo, Fundamentos de Antropología, EUNSA, 1996.
5. ATT, Gran Enciclopedia Rialp, Tomo XIX, Editorial Rialp, Madrid España, 1973.
6. Gambra Rafael, Historia Sencilla de la Filosofía, Editorial Minos, México DF, 1986.
7. Gómez Pérez Rafael, Problemas Morales de la Existencia Humana, Editorial Magisterio Español, España 1980.
8. Llano Alejandro, Gnoseología, EUNSA, Pamplona España, 1984.
Al hilo de lo vivido estos días atrás, durante la JMJ, me ha resultado muy interesante la reflexión plasmada en este artículo de Felipe Muñoz en el diario sigloXXI: http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/73478/la-visita-del-papa-y-el-espantoso-silencio#.Tl_zGIc9JZQ.twitter
Aunque fue publicado la semana anterior a la visita de nuestro Santo Padre, es, a mi juicio, una reflexión a-temporal. (Lo remarcado en negrita y en rojo en el texto, es mío. El original no tiene marcas.)
Reflexiones de un ateo sobre la visita de Benedicto XVI a España
Felipe Muñoz Publicado el martes 9 de agosto de 2011, 09:07
Quizá sorprenda a alguno de mis escasos lectores habituales, saber que, personalmente, no creo en Dios. Es más: estoy convencido de que Dios, el Dios cristiano, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios del que Jesucristo se decía hijo, no existe.
Personalmente
Personalmente, fui católico sincero hasta mi mayoría de edad. Después, ateo y furibundo anticlerical durante la Universidad y algunos años después. Progresivamente, con el tiempo, a base de muchas lecturas, he ido madurando mis opiniones al respecto. A día de hoy, sigo sin creer en Dios y siendo ateo convencido; pero el anticlericalismo se me curó estudiando Historia.
Hago esta reflexión personal, no por la importancia que pueda tener (que no la tiene, salvo para mí mismo), sino para aclarar mi posición de partida para lo que sigue. No creo que a nadie le interese, en realidad, la opinión de tal o cual columnista, si el tal o cual columnista no “desaparece” lo suficiente de su escrito. Es decir, si la columna en cuestión puede funcionar como un peldaño que nos acerque un poquito más a la verdad, y no simplemente como exposición de ideas y pensamientos personales.
El debate en España
Pero, por lo que parece, los españoles sufrimos alguna especie de defecto nacional, que, quién sabe por qué, nos impide tratar hasta de las cuestiones más abstractas sin llevarlas al terreno del ataque personal. Si uno defiende la Idea de España, se le tilda inmediatamente de franquista; si otro defiende a la Iglesia Católica, se busca de inmediato su conexión con el Opus Dei; si un tercero defiende la idea de mercado libre, se le tacha de fascista (Curiosidad: ¿por qué no de anarquista? El fascismo es, al fin y al cabo, una escisión del socialismo y, por tanto, contrario al mercado libre).
En fin, simplemente indicar que no tengo ninguna creencia religiosa y ningún tipo de relación laboral con la Iglesia Católica.
Visita de Benedicto XVI a España
En las circunstancias históricas, políticas y económicas de la España actual, aunque se podía contar con la indiferencia general, no puede dejar de sorprender el rechazo de cierto sector de la población a la visita del Papa Benedicto XVI, a partir del 18 de Agosto de 2011.
Rechazo del catolicismo en España
Vale que la mayor parte de los españoles aún crea a pies juntillas en la leyenda negra sobre la Iglesia Medieval (leyenda que inventaron conscientemente ingleses, franceses y holandeses, contra la España del siglo XVI). Vale que en España exista cierta tradición política anticlerical, de la que los sectores de la Memoria Histórica se sienten todavía orgullosos (ignorando que, en su tiempo, la tradición se convirtió en matanza).
Pasemos, también, de la constatación de que muchos medios de comunicación, hablados o escritos, manipulan por sistema todos los escritos y todas las tomas públicas de posición eclesiásticas (manipulación que se puede evitar fácilmente, acudiendo a los textos íntegros), hasta el punto de que, por ejemplo, la moral sexual católica es reducida a la prohibición del preservativo.
El deber de la hospitalidad hacia el Papa
Pasando por encima de todas estas consideraciones, que consisten, en resumen, en desconocimiento, prejuicio e ignorancia, en primer lugar, España, como país, debe hospitalidad a Benedicto XVI, como la debe a cualquier mandatario, y a cualquier persona en general, que visite nuestro país.
El Papa es gobernante de un país con el que España mantiene relaciones diplomáticas amistosas. Y, a su vez, además de ser uno de los filósofos más importantes de la actualidad, es el líder de una religión que profesa la mayoría del pueblo español y que ha organizado una Jornada Mundial de la Juventud, que reunirá, según las previsiones, a un millón de personas, en pleno acuerdo con el gobierno español.
La Iglesia Católica
Ciertamente, esto resulta obvio. Tanto en la cuestión de las relaciones diplomáticas como por la cuestión de la hospitalidad debida, esa virtud que estamos olvidando. Pero, ciertamente también, Benedicto XVI no viene a España sólo en calidad de gobernante de otro país, sino como líder de una institución internacional de amplia, aunque decadente, influencia. El rechazo a la visita, por parte de ciertos sectores, se centra en esa cualidad de cabeza visible de una institución a la que se moteja de machista y antidemocrática.
Lo cierto es que los argumentos que se utilizan resultan a cada cual más endeble. Si hubiéramos de tener en cuenta la historia de cada país o de cada institución a la hora de recibir a sus mandatarios, no existirían las relaciones diplomáticas en absoluto. La inmensa mayoría de los Estados actuales, si no todos, tiene una historia mucho más sanguinaria que la de la Iglesia Católica (más allá de las leyendas sobre la Inquisición).
Jornada Mundial de la Juventud
Por otra parte, desde el momento en que la Jornada Mundial de la Juventud se planificó de común acuerdo con el gobierno español y respetando todos los trámites legales, sobraban todos los análisis coste/beneficio, que tanto y tan superficialmente han proliferado. El gobierno español, y mucho más el actual, disponía de una excusa fácil para rechazar la organización del evento, alegando los costes de seguridad. Y, si no lo hizo, es lícito sospechar que no fue movido por un irrefrenable ansia, de los gobernantes socialistas, por recibir a Benedicto XVI.
Lo mismo es válido para el “problema” de la ocupación del espacio público, por parte de lo fieles de una religión que, en un estado laico, se supone como cuestión privada. No deja de resultar gracioso que los indignados se hayan quejado de esto. La JMJ ocupará los espacios madrileños ateniéndose a la ley y en virtud de la libertad de expresión.
Sería un punto interesante a estudiar, el proceso histórico por el que se ha ido negando, sobre todo socialmente, pero también legalmente, el derecho de libertad de expresión de las creencias religiosas. Ya dijo Lessing, en su día: “No os atreváis a hablarme de vuestra libertad berlinesa de pensamiento e imprenta. Se limita a la mera libertad de endilgar a la religión cuantos sofismas se desee. Y un hombre honrado tendría que avergonzarse bien pronto de emplear esa libertad”.
La verdad se vota, otra vez
El hecho de que se intente relegar a la religión al ámbito privado y el hecho de que se tacha a la Iglesia Católica de machista y antidemocrática, obedecen al mismo síntoma de decadencia de la cultura occidental, especialmente en España: a la idea de que no existe la verdad, sino que “cada uno tiene su verdad” o lo que es verdad para uno puede no serlo para otro”.
A partir de ahí, la verdad se vota. Ya hablamos una vez de aquella ocasión en la que la existencia de Dios perdió por un solo voto en el Ateneo de Madrid. Se trata de la consecuencia lógica del relativismo: hay que llegar a un acuerdo político sobre las “verdades” en torno a las que nos movemos. De ahí que se pida, de modo absurdo, que la Iglesia se democratice. Como si la democracia fuera un valor en sí mismo: la democracia tiene valor en la medida en que protege la libertad. Y el valor es la libertad, no la democracia.
La Iglesia Católica custodia una verdad
En cualquiera de los casos, la Iglesia Católica, con todos los fieles que la forman, cree firmemente que posee una o varias verdades. Y lo cree del mismo modo que la comunidad científica cree poseer, también, algunas verdades. Sólo que lo que los científicos han extraído de la experiencia, los cristianos creen haberlo obtenido a partir de una Revelación de Dios.
La Iglesia Católica, formada por todos los católicos (no sólo la jerarquía), es, pues, una institución conformada en torno a una verdad absoluta, cuya misión es custodiar. Aquí no cabe una democracia mal entendida: la verdad no se vota, se descubre. No es lo mismo, nada tiene que ver, pensar que ninguna persona tiene la verdad, que pensar que la verdad no existe.
La democracia en la Iglesia
Tampoco hay democracia en la familia, en el ejército o en las comunidades científicas. No la hay cuando se trata, simplemente, de respetar una tradición. Hoy día, la mayor muestra de humildad de la Iglesia está en su negativa a admitir a la mujer en el misterio sacerdotal. Negativa basada, exclusivamente, en una confesada incapacidad para interpretar la Escritura en lo que respecta esta cuestión.
Soy consciente de que todo esto suena muy extraño y anticuado en unos oídos modernos, educados, acostumbrados y machacados con el relativismo de “la verdad de cada uno”. Pero, si son tan amables, le pido que hagan un esfuerzo conmigo.
La salvación y el ámbito privado
Imagínense, por un momento, que ustedes están convencidos, fuera de toda duda, de que el mundo (todas las personas que lo componen), está en peligro. E imagínense que ustedes, a su vez, conocen, fuera de toda duda, la manera de salvar la vida a todos. Y, por último, imagínense que se encuentran con otras personas que creen lo mismo que ustedes y organizan una institución para comunicar más eficazmente, a todo el mundo, la forma de salvarse.
En ese caso, ¿aceptarían tranquilamente que se les pidiera que mantuvieran sus creencias en privado, por “respeto” a los demás? ¿Qué clase de respeto es ésa? ¿No es más respetuoso, a la par que más noble, comunicar a todo el mundo que está en peligro y lo que tiene que hacer para salvarse? Aunque uno contemplase la posibilidad de estar equivocado, ¿no seguiría adelante, de todos modos? ¿No contaría lo que sabe a todo el que quisiera escucharle y aún al que no quisiera?
El cristianismo es público
Pues, exactamente, éste es el caso del cristiano en el mundo de hoy. Cree conocer la verdad más importante de la existencia y, por eso, nos la quiere comunicar. Está en la naturaleza del cristianismo comunicar, dar testimonio de su fe. Y, por eso, el cristiano que vive sus fe sólo en el ámbito privado siempre me ha parecido innoble y, quizá, algo cobarde. Son las personas las que merecen respeto, no las ideas. Y el respeto a las personas, para un cristiano, exige el testimonio de su fe.
La voz de la Iglesia
No estoy de acuerdo con muchas de las posiciones doctrinales de la Iglesia Católica (aunque suelen tener, por lo general, mucho más fundamento de lo que sus críticos reconocen), ni en política, ni en filosofía, ni en moral. Pero, en un mundo que ya no cree en nada (y, por ello, está dispuesto a creer en todo lo que le cuenten), en un mundo que, cuando dejó de creer en Dios, empezó a creer en cosas mucho peores, en un mundo en el que ya no hay sentido, en el que ya no se acepta la ley, la autoridad o la tradición, en un mundo de manipulación de las mentes por los gobiernos, en el que nada tiene valor y todo vale lo mismo, en un mundo lleno de impotencia y sin miedo ni esperanza; en este mundo, la voz de la Iglesia, su mensaje de que existe la verdad, el bien y el mal y de que quizá hay esperanza, se ha tornado especialmente importante.
Jan Ross, periodista del periódico alemán Die Zeit, comentó (en relación a Juan Pablo II, pero válido en todo caso): “La voz del Papa ha dado ánimo a muchos hombres y a pueblos enteros; en los oídos de muchos ha sonado también dura y cortante, e incluso ha suscitado odio; pero, si enmudece, será un momento de silencio espantoso”.
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Quizás Felipe Muñoz está más cerca de Dios, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, del Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo, de lo que él mismo piensa.
En cualquier caso, mi respeto a Felipe Muñoz (y mi oración).
Desde mi punto de vista, este certero análisis, quizás adolece de una perspectiva (fruto quizás de esa falta de fe que confiesa el propio autor) adicional.
La animadversión, el ataque, no puede ser contemporizado con la lógica, porque lo que está en liza son poderes que trascienden al propio hombre, tanto para el bien como para el mal.
A los ojos de un mundo sin Dios, la confesión de fe del creyente carece de sentido, de lógica sin entrar en la “lógica” de la fe.
El ataque, la violencia contra los fieles seguidores de Cristo, carece de sentido si se pierde de vista la enemistad eterna del padre de la mentira, del maligno, contra los seguidores del Hijo de Dios encarnado, Camino, Verdad y Vida en Sí mismo.
Esta equilibrada reflexión de Felipe Muñoz, me ha aportado perspectivas al eterno problema de la enemistad irreconciliable entre el Bien y el maligno.
Tenéis, al principio de la entrada, la url directa al artículo.
Encontré el artículo por la referencia de mi amigo Juanjo Romero (De Lapsis - InfoCatólica, conoZe.com, Membretes, …) a una entrada publicada en el blog de Scriptor.org.