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21/12/2016

Conferencia Testimonio de la Hna. Mª Guadalupe Rodrigo 2015-12-19

Published on Dec 20, 2015
Conferencia Testimonio de la Hna. Mª Guadalupe Rodrigo 2015-12-19: La persecución a los cristianos de Siria.
Ella es argentina y vive en Alepo, Siria.
FOTOGRAFIAS DEL ENCUENTRO EN: https://www.flickr.com

Ver el vídeo en Youtube: https://youtu.be/dPBf7UlUcXQ

 

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20/05/2013

Ayuda según …

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12/05/2013

Nos han engañado, por César Valdeolmillos | blogs.hazteoir.org

Pocket : Nos han engañado, por César Valdeolmillos.

Nos han engañado, por César Valdeolmillos

César Valdeolmillos Alonso (Twitter: @Profundizando / Facebook) es técnico en Radiodifusión, Marketing y Publicidad. Ha compaginado su intensa labor publicitaria con su labor periodística desde 1957 (SER, COPE; Onda Cero, La Crónica, Granada Hoy…), la dirección de gabinetes de prensa y una intensa labor como crítico musical, siendo miembro activo de la Cadena de Comentaristas de discos Latinoamericana (CECOM). Celebrado conferenciante,  ha sido concejal por UCD en Granada, y entre sus reconocimientos, cuenta con  el premio ACYME por una serie de artículos publicados en defensa  de la españolidad de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y con la insignia de Oro del Ayuntamiento de Granada.

“El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer”

María Zambrano

Filósofa y ensayista española

En 1975, allá por los tiempos de la transición —vamos camino de las cuatro décadas desde entonces, así que ya ha llovido— casi tanto tiempo como el que el dictador estuvo en el poder, nos dijeron que íbamos a pasar de la democracia orgánica —que es como pervirtiendo el lenguaje se denominaba la dictadura franquista— a la democracia moderna, real y efectiva. ¡Falso! Nos engañaron a todos… y al primero a mí. Pasamos de la democracia orgánica, a la partitocracia organizada.

Nos dijeron que la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles. Lo que no nos dijeron es que una parte de los españoles que redactaron y votaron esa misma Constitución, se la iban a pasar por el forro haciendo divisible lo que se declaraba indivisible. Nos engañaron a todos… y al primero a mí.

Nos dijeron que los españoles somos Iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. ¿A que después de leer esto les entra la risa tonta tras las noticias que nos llegan a diario? Nos engañaron a todos… y al primero a mí.

Nos dijeron que el castellano es la lengua española oficial del Estado y que todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. ¡Falso! Nos engañaron a todos… y al primero a mí. Que le pregunten lo que ocurre al castellano hablante de Cataluña, Baleares o Valencia, mientras quienes rigen el Estado, desde hace años y por interés partidista, miran hacia otro lado sin hacer cumplir la Ley.

Nos dijeron que todos —y cuando dijeron todos, no se hizo ninguna excepción— todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral. ¡Falso! Nos engañaron a todos… y al primero a mí. Ahí tienen ustedes la Ley del aborto, vulnerando los derechos más sagrados del ser humano, como es el derecho a vivir.

Nos reconocieron y garantizaron el derecho a la autonomía porque la autonomía —nos dijeron— acercaría la administración al ciudadano. ¡Falso! Nos engañaron a todos… y al primero a mí. La autonomía ha agigantado el Estado en términos que resulta insostenible e insoportable de mantener, tanto desde el punto de vista operativo como económico. Hemos engendrado un cáncer cuyas metástasis han invadido todo el organismo al que a base de controlar, mediatizar, regular, penalizar, esquilmar, termina por dirigir nuestras vidas de forma tan asfixiante, que hasta nos ha llegado a decir cómo hemos que hablar o lo que debemos o no comer o beber.

Quizá en el único aspecto en el que no nos engañaron fue en el artículo siete de la Constitución que dice que: “Los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales, contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que les son propios”. Y mire usted por dónde, eso sí que lo han cumplido a rajatabla. Vaya si los sindicatos, en estos 33 años, han contribuido a la defensa de los intereses que les son propios. Y tan propios. Está, está bien redactado ese artículo de la Constitución. Lo que yo me pregunto es ¿En dónde quedan los intereses de los trabajadores?  ¿Dónde están las condiciones idóneas para que haya cada día mayor facilidad para encontrar un puesto de trabajo? tema en el que tanto tienen que decir los sindicatos.

El aparato territorial del Estado, es una Hidra, no de siete, sino de diecisiete cabezas, que como celoso guardián del Olimpo de los políticos, no solo frena, sino que impide todo progreso y nos hunde en las aguas cenagosas del inframundo del paro, la miseria, la desesperanza, el abandono y por último, el olvido. Es un Saturno que está devorando a sus propios hijos. Un Polifemo que nos tiene prisioneros y, de momento, no parece que haya entre nosotros ningún Ulises que le clave una lanza en su gran ojo de Orwell que todo lo ve y todo lo controla.

No se dan cuenta o no quieren ver, que cuanto más Estado, menos libertad para el ciudadano y que, este, en vez de ser un paraguas, un refugio que nos proteja, se ha convertido en un inmenso cementerio al que el pueblo va a enterrar día a día, sus ilusiones, sus proyectos y sus aspiraciones, hipotecando en él su futuro.

21/04/2013

Cinco falacias sobre el aborto | Archipiélago Duda

Archipiélago Duda: Cinco falacias sobre el aborto.

domingo, 21 de abril de 2013

Cinco falacias sobre el aborto

 

En los debates sobre el aborto se esgrimen invariablemente una serie de argumentos que los partidarios creen definitivos y devastadores. Aquí me centraré en los que creo son los más efectistas.

Tanto socialprogresistas como liberalprogresistas proclamarán en algún momento que ellos no obligan a abortar a nadie, mientras que los provida tratamos de “imponer” nuestra moral a los demás. Los partidarios del aborto serían en realidad neutrales frente a la cuestión, al permitir que la mujer decida en cada caso. (El padre del niño por lo visto no pinta nada; bien es verdad que a veces es difícil identificarlo.) Se trata de la [1] Falacia Neutralista, según la cual, quien esté en contra de la esclavitud, por ejemplo, debería limitarse a no tener esclavos, evitando “imponer su moral” a quienes quieran ser propietarios de seres humanos.

Pocos aceptarían que esa forma de defender la esclavitud equivalga a una posición de neutralidad frente a ella. A la inmensa mayoría le parecería de un cínismo repugnante. Y sin embargo cuando utilizan el mismo argumento los abortistas, la respuesta suele ser mucho menos contundente. Y es que el mito de la neutralidad ideológica ha calado hondo. Nos han vendido hace tiempo que un Estado aconfesional es un Estado neutral en cuestiones ideológicas, pero eso en realidad no existe. No hay Estado neutral, hay ideas que pasan por neutrales. El aborto es un “derecho” o no lo es. Un ser humano lo es desde la fecundación o no lo es. No hay término medio. Leyes sobre el aborto puede haber infinitas, pero cosmovisiones de partida sólo hay estas dos. Y si podemos modular a nuestro antojo la plena pertenencia de ciertos individuos a la especie humana, todas las iniquidades serían posibles: El aborto, la esclavitud, el canibalismo o el genocidio.

Ahora bien, si esto es así, si no hay neutralidad posible, algunos argüirán que sólo es posible decidir la cuestión por vía democrática. Que sea la mayoría la que decida, no “los obispos”. Este argumento, al que denomino [2] Falacia de la Mayoría, no se suele emplear con demasiada coherencia, porque se mezcla con otras falacias, como la anterior y las que veremos a continuación. Es decir, al mismo tiempo que se defiende el aborto como una “conquista” democrática, se suele negar a los provida cualquier derecho a intentar “imponer” sus ideas… aunque sea por vía democrática, es decir, intentando obtener una mayoría parlamentaria.

El error procede de confundir lo que significa la democracia. Esta consiste, esencialmente, en un método para determinar quién manda sin tener que matarnos en guerras civiles periódicas. No es un método para determinar quién tiene la razón, sino para determinar quién gobernará y legislará durante un período limitado de tiempo. Por tanto, los provida tenemos derecho, no sólo a defender democráticamente nuestras ideas, sino a continuar defendiéndolas por mucho que los abortistas hayan ganado las últimas elecciones o las últimas encuestas.

Otra es la [3] Falacia Malthusiana, tan grosera que produce incluso cierto rubor exponerla. Se nos dice que los provida somos “hipócritas”, porque sabemos que aunque se prohíba el aborto, los “ricos” tendrán mucha más facilidad para eludir la ley. Supongo que esta ley y todas, lo que nos llevaría a la incómoda conclusión de que no se puede prohibir nada. Pero más allá del tosco populismo que evidencia el argumento, debemos fijarnos en su malthusianismo larvado. Que los pobres puedan ser abortados: esa sería su gran “conquista social”. Bien es verdad que, en cierto profundo sentido, antes de nacer, sean quienes sean sus padres, todo ser humano es igual de pobre y desamparado, pues se halla a merced de que los adultos puedan tener, y aplicar, sus ideas “progresistas”, a fin de poder “expropiarle” incluso lo único que posee: la vida.

Relacionada con la anterior, tenemos la [4] Falacia del Bienestar, que trata de provocar la empatía de la opinión pública representándonos el drama de la madre que se ve “obligada” a abortar como consecuencia de su triste situación social o personal, o de graves problemas de salud, tanto de ella como del feto. Es decir, en una sociedad que considera obligado garantizar unas mínimas condiciones de vida digna para todos los seres humanos, sean o no ciudadanos de pleno derecho, al parecer hay que excluir de estos derechos a los seres más indefensos que existen, que son los humanos nonatos. Estamos orgullosos de nuestros avances  médicos y sociales, y al mismo tiempo mantenemos una especie de incongruentes pobrismo yatrasismo, por los cuales consideramos irremediable que la sociedad no se pueda hacer cargo de todos los niños no queridos, ni apoyar a todas las mujeres en dificultades, para que puedan ser madres a pesar de todos sus problemas. Y quienes reclamamos esto somos encima insensibles e integristas religiosos.

Por último, tenemos la [5] Falacia Pacifista, pocas veces replicada como merece. Se nos echa en cara a los provida que nos preocupamos mucho por el aborto, pero no por las guerras o la pena de muerte, que supuestamente producen muchas más víctimas. De hecho, los progresistas no consideran que los abortados sean víctimas, por lo que el argumento tiene algo de apriorístico. Pero además, se puede coherentemente (aunque no necesariamente) estar a favor del aborto y al mismo tiempo a favor de la pena de muerte y de una guerra justa. Porque se trata de cosas distintas. No es lo mismo la muerte deliberada de un inocente, como es un feto humano por definición, que la muerte de un culpable, condenado a la pena capital por un crimen cometido en plena posesión de sus facultades mentales, y sabiendo a lo que se exponía. Y tampoco es lo mismo la muerte deliberada de un inocente que la muerte indeseada de civiles inocentes en las guerras.

Por supuesto que aquí podemos entrar en discusiones casuísticas sobre si la guerra de Iraq o la guerra del Peloponeso fueron justas o injustas, pero estas cuestiones sólo pueden decidirse empíricamente, mediante el estudio de los hechos históricos. Y lo mismo cabe decir sobre las leyes penales. En qué casos, si los hay, puede aplicarse la pena de muerte, qué circunstancias (edad, enfermedad o grado de discapacidad mental) deben valorarse en su aplicación, son temas para nada irrelevantes, pero que no afectan a la cuestión esencial: si la pena de muerte, como principio general, es lícita. Habrá algunos provida que pensarán que sí y otros que no. En cualquier caso, no se puede comparar a un ser humano nonato con un convicto confeso de asesinato. Ambos son seres humanos, pero el segundo es responsable de sus actos, mientras que el primero no sólo no lo es, sino que, allí donde el aborto es más o menos libre, carece de abogado defensor. Por carecer, carece hasta del derecho de voto. Sin duda, por eso hay tan pocos políticos que lo defiendan.

El origen de estas falacias no se encuentra, sin embargo, en un puro oportunismo electoral, ni siquiera en una falta de claridad o capacidad intelectual. Es importantísimo no engañarnos en eso, para conocer a la clase de adversario ideológico con el que nos enfrentamos. El aborto es para el progresismo laicista la piedra de toque que permite aglutinar a la sociedad en torno a una concepción inmanentista de la existencia, la cual otorga a los gobernantes una legitimación absoluta para elaborar el derecho positivo sin ningún género de cortapisas morales, ideológicas e institucionales. Por eso, politicuchos como Elena Valenciano y otros de su calaña no pueden soportar que “los obispos” puedan ejercer su derecho a opinar como cualquier otro ciudadano.

Sólo secundariamente se trata de atizar en su beneficio la demagogia anticlerical, tan tristemente arraigada en el país que conoció en los años treinta la mayor persecución anticristiana de Europa. Lo que realmente está en juego aquí es consolidar la dictadura de la corrección política que domina en la mayor parte de países occidentales. Un régimen basado en la religión progresista del hedonismo estatalizado, donde los individuos pronto serán inútiles para procrear, y deberán dejar esta función en manos de un Estado huxleyano. No es causal que esta dictadura cuente con el apoyo de una mayoría de la población. ¿Ha habido alguna dictadura en la historia que no se base en la servidumbre voluntaria?

Pero hay un despotismo que es el peor de todos, el definitivo: aquel que nos conduce a la extinción demográfica para, dentro de menos tiempo del que pensamos, ofrecernos la solución final: hacerse cargo el Estado de la vida humana desde su generación hasta su terminación, comprando la voluntad de los individuos con la promesa de una felicidad irresponsable.

Publicado por en 18:09 
09/04/2013

Apelan a la ideología para pedir que se nieguen ayudas a Cáritas | elentir.info

Las juventudes del PSOE desprecian la labor de Cáritas por basarse en la caridad cristiana | elentir.info.

APELAN A LA IDEOLOGÍA PARA PEDIR QUE SE NIEGUEN AYUDAS A LA ONG CATÓLICA

Las juventudes del PSOE desprecian la labor de Cáritas por basarse en la caridad cristiana

Ayer en Intereconomía las Juventudes Socialistas dieron un grotesco espectáculo de sectarismo ideológico con motivo de la campaña anticatólica, basada en cifras falsas, que lanzaron el pasado sábado. Un dirigente de esa organización, Jesús Greciet, centró buena parte de su intervención en descalificar la labor social que hace la Iglesia a través de Cáritas.

El PSOE pide medidas contra la pobreza un día después de criticar las ayudas a Cáritas
Los jóvenes del PSOE publican cifras falsas sobre la financiación de la Iglesia Católica
Los privilegios fiscales y legales del PSOE y de los demás partidos políticos en España

[…]

Javier Nart, ateo, critica que las JSE minusvaloren la caridad

El segundo rapapolvo de la noche se lo lanzó al joven socialista el abogado Javier Nart (ver vídeo):“La primera institución que tiene una proporción de que la ayuda llega a los necesitados sin gastos burocráticos, con gastos burocráticos ridículos y mínimos, se llama Cáritas Diocesana. Y yo que soy ateo sufrago y apoyo económicamente a Cáritas Diocesana no por caridad, sino por solidaridad. Y la praxis es que lo que están haciendo es ayudando a nuestros semejantes y a nuestros conciudadanos. Por lo tanto, esa minusvaloración de la palabra caridad, que yo le llamo solidaridad, me parece incierta o me parece equivocada.”

[…]

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19/10/2011

Libre, de Nino Bravo – La historia detrás de una canción.

Tomado del blog Ballesterismo:

La verdadera y triste historia de la canción “Libre” de Nino Bravo

martes 20 de septiembre de 2011

 

No tenia ni idea del origen de esta canción y mira que la he cantado/escuchado veces.

La triste historia de una célebre canción…

La canción habla del primer alemán que murió intentando atravesar el muro de Berlín, Peter Fechter, un obrero de la construcción de 18 años, que intentó huir junto con un amigo y compañero de trabajo, Helmut Kulbeik, el día 17 de agosto de 1962, aproximadamente un año después de la construcción del muro. Tenían pensado esconderse en el taller de un carpintero, cerca del muro, y, tras observar a los guardias de la “frontera” alejándose, saltar por una ventana hacia el llamado “corredor de la muerte”, atravesarlo corriendo y saltar por el muro cerca del Checkpoint Charlie, a Berlín Oeste.

 

 Hasta llegar al muro las cosas salieron bien, pero cuando se encontraban arriba, a punto ya de pasar al otro lado, los soldados les dieron el alto, y a continuación dispararon. Helmut tuvo suerte, Peter resultó alcanzado por varios disparos en la pelvis, cayó hacia atrás, y quedó tendido en el suelo en la “tierra de nadie”, durante cincuenta angustiosos minutos, moribundo, desangrándose, a la vista de todos, y sin que nadie hiciera nada.

Gritó pidiendo auxilio, pero los soldados soviéticos que le habían disparado no se acercaron, y lo único que pudieron hacer los soldados americanos fue tirarle un botiquín, que no le sirvió de ayuda, ya que sus graves heridas internas le impedían moverse, y poco a poco fue perdiendo la consciencia. Durante casi una hora, los ciudadanos de ambos lados de Berlín contemplaron impotentes su agonía, gritando a los soldados de ambos lados para que le ayudasen.

Pero ambos bandos tenían miedo de que los del otro lado les disparasen, como había pasado en otras ocasiones anteriores; aunque ninguna en una circunstancia tan perentoria como esta y a las dos del mediodía, con tantos testigos presentes, incluyendo periodistas en el lado occidental.

Los soldados del lado oriental, zona a la que pertenecía en realidad la “tierra de nadie”, tampoco le ayudaron, y no se acercaron hasta pasados 50 minutos, seguramente para que sirviera de ejemplo para cualquier otro que pensase huir.

Aún así, entre 1961 y 1989 murieron más de 260 personas, sólo intentando cruzar el Muro; además de los que murieron al querer cruzar la frontera entre las dos Alemanias, y ya no hablemos de los que estuvieron en la cárcel por intentarlo, o por ayudar a otros.

Cuando por fin se acercaron los soldados de la RDA y se lo llevaron, los ciudadanos de ambos lados gritaron repetidamente “¡asesinos, asesinos!”. En el lado occidental, se sucedieron las protestas y las manifestaciones los días siguientes, y los habitantes del Berlín Oeste comprendieron claramente lo difícil que sería para sus familiares y amigos del Berlín Este el intentar escapar. Asimismo, también se dieron cuenta, decepcionados, de que los soldados americanos, en pleno auge de la Guerra Fría , no harían nada para ayudarles en circunstancias similares. Fue un duro golpe para la esperanza de los berlineses.

TIENE CASI VEINTE AÑOS y ya está
cansado de soñar;
pero TRAS LA FRONTERA está su hogar,
su mundo y SU CIUDAD.
Piensa que la ALAMBRADA sólo
es un trozo de metal
algo que nunca puede detener
sus ansias de volar.
Libre,
como el sol cuando amanece yo soy libre,
como el mar.
Libre,
como el ave que escapó de su PRISIÓN
y puede al fin volar.
Libre,
como el viento que recoge MI LAMENTO Y MI PESAR,
camino sin cesar,
detrás de la verdad,
y SABRÉ LO QUE ES AL FIN LA LIBERTAD.
Con su amor por bandera se marchó
cantando una canción;
marchaba tan feliz que NO ESCUCHÓ
LA VOZ QUE LE LLAMÓ.
Y TENDIDO EN EL SUELO SE QUEDÓ,
SONRIENDO Y SIN HABLAR;
SOBRE SU PECHO, FLORES CARMESÍ
BROTABAN SIN CESAR.

La canción, escrita diez años después de los hechos, recoge una historia y unas fotos que dieron la vuelta al mundo, y que todavía hoy son símbolo de la crueldad humana. En el lugar donde murió Peter Fechter, se levantó en 1990 un monumento. 

Ya en 1997, dos antiguos soldados de la RDA fueron juzgados, y admitieron haber disparado contra Peter Fechter. Se les declaró culpables, y fueron condenados a un año de cárcel. En el juicio el forense declaró que toda ayuda hubiera sido inútil, ya que la gravedad de las heridas le hubiera causado la muerte en cualquier caso. Pero es algo que nunca sabremos, ¿verdad?

La canción es símbolo de todo el pueblo alemán que soñó con huir, ya que si Peter fue la primera víctima del muro, el último, Chris Gueffroy, en 1989, tenía, precisamente, veinte años…

Muchísimas gracias a Paco por enviarnos esta interesante historia a nuestro correo.

 

07/09/2011

Hambre y récord mundial de arroz

Tomado de ForumLibertas.com

Hambre y récord mundial de arroz

Jaume Catalán Díaz

Mientras que no cesan de llegar noticias sobre la nueva hambruna que afecta a millones de personas y la grave desnutrición infantil en el Cuerno de África, sobre todo en Sudán y Somalia, el Consejo Internacional de Cereales (IGC) anuncia que la producción mundial de arroz llegará a un nivel récord de 448 Mt en 2010/11, y 8 millones mas que un año antes por las mejores cosechas en Asia, especialmente en India.

Además, puesto que la producción superará al consumo por sexto año consecutivo!?, se prevé que los stocks remanentes de arroz a nivel mundial alcancen la cota más elevada en ocho años, hasta 95,9 Mt. Y uno se pregunta, ¿por qué y para qué todo este arroz? si el mundo no es capaz de evitar situaciones como las de arriba.

+++++++

Mi reflexión:
¿Realmente nuestro mundo no dispone de recursos para alimentar a la población actual y/o futura?

¿Realmente sobra gente en el planeta?

Sí, por supuesto que sobra gente del planeta. Y que debieran haberse ido hace ya mucho tiempo.

¿Por qué no aparece esta información en TV, justo después de las noticias (escasas), de Somalia, Kenya, Sudán, …?

 

06/09/2011

Relativismo moral

Tomado de catholic.net:

 

Autor: Maribel German Relativismo Moral

El hombre es la medida de todas las cosas….

Hace unos días, estando en una reunión de amigos, salió a la conversación el famoso y trillado tema del aborto. La discusión nos involucró cada vez más a todos. Hubo todo tipo de argumentos y posiciones encontradas: por un lado, el que decía que el aborto es un derecho de la mujer sobre su cuerpo; otros opinaron que la pobreza en nuestro país es tan dramática, que había que practicar el aborto en zonas marginadas (para que no vinieran más niños al mundo a sufrir); unos más argumentaban que el feto no es una persona, sino sólo un conjunto de células; y no faltó el que alegó que desde el momento de la concepción el feto posee toda la información genética propia de un ser humano, y que por tanto tiene derecho a vivir. Posiciones, me parece, con las que nos hemos encontrado todos algún día.

Sin embargo, en un momento de mayor acaloramiento, hubo uno que creyéndose un poco más listo que los demás -y por supuesto más “moderno”-, nos dijo a todos lo siguiente: Pero… ¿por qué discutir?, Ximena tiene su propia verdad sobre el aborto y Pedro la suya; lo más importante en esta vida es ser “tolerante”, porque la verdad es “relativa”. Y con esto pretendió dar fin a la conversación…

Paradójicamente mi amigo tratando de mostrar una actitud abierta, plural y moderna, no hizo sino afirmar un criterio que planteaba como absoluto y no discutible. Al decir que “la verdad es relativa”, nos ofrecía una “verdad” que nadie podía relativizar ni refutar.

Por otro lado, he de decirle a mi amigo que su actitud “moderna” ante la verdad, no lo es tanto, pues no tiene sus raíces en este siglo, sino en el muy lejano siglo V A.C., cuando Protágoras postulaba la siguiente tesis: “El hombre es la medida de todas las cosas…” , y con ello dio inicio al relativismo intelectual en donde no son las cosas -la realidad- la que posee su propia “medida”, su propio ser; sino que es el hombre el que determina dicha medida y verdad. Por tanto, para que el conocimiento del hombre sea verdadero –según Protágoras-, éste no debe someterse a la realidad, al ser y “medida” de cada cosa, sino que es el intelecto del hombre el que determinará la medida para cada ser.

Ante dicha tesis, podemos preguntarnos: ¿Dónde queda para Protágoras -al igual que para el hombre moderno-, el criterio que garantice la objetividad y universalidad de la verdad? Ese criterio que nos lleva a poder entendernos con el lenguaje, ya que somos capaces de denominar con un mismo nombre al mismo ser, de determinar sus características esenciales y de hacer un concepto universal del mismo. Si cada cual tuviera una percepción diversa y determinara arbitrariamente el ser y “medida” de la realidad, ¿acaso seríamos capaces de comunicarnos los hombres?

A la tesis de Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas…”, responde Platón a manera de crítica: “si el hombre es la medida de todas las cosas, en consecuencia, como a mí me parezca que son las cosas, tales serán para mí, y como a ti te parece que son las cosas, tales son para ti”; de tal modo que, si a Juan le parece que todos los hombres necesitan respirar para vivir, y a Pedro le parece que no es necesario que el hombre respire para que pueda vivir, en efecto, cada uno tendrá una percepción y una “medida” diversa de la realidad, pero también unas consecuencias diferentes.

La pregunta es si la percepción de Pedro o de Juan ¿cambiarán en algo el hecho real de que el ser humano, “todo ser humano”, necesite de respirar para mantenerse vivo?, Y más aun, ¿qué consecuencias concretas se sucederían si Pedro fuera coherente con su percepción y “medida”?

Para Protágoras “el conocimiento es algo del sujeto, algo que se da en su mente, por lo que el hombre puede crearlo y presentarlo como mejor le acomode; es cuestión de habilidad”. Pierde entonces la dimensión objetiva, trascendente y universal de la verdad, al pretender que el hombre sea medida de la misma. No hay entonces criterio alguno de verdad, la medida será arbitraria y, al depender del hombre, de cada sujeto, habrá una pluralidad de verdades tan infinita como la pluralidad de hombres existentes (tal y como pretendía mi amigo con su actitud “moderna”).

Según la filosofía realista, la verdad es “la conformación entre el entendimiento y la cosa (o realidad)”, de tal manera que la verdad está en el intelecto, en el sujeto –y en este sentido se dice que es subjetiva-; pero sólo una idea o concepto tendrá la categoría de verdad, cuando ésta se adecue a la realidad del objeto –y es en este otro sentido que podemos afirmar que la verdad es objetiva-. Es decir, la verdad efectivamente radica en la inteligencia del hombre, pero sólo podemos decir que alguien posee un conocimiento verdadero, por ejemplo sobre el agua, cuando el juicio de la inteligencia acepta que el agua es un compuesto de H2O. Si la inteligencia de Luis nos dice que el agua es un compuesto de H3O, entonces decimos que la proposición que Luis afirma es falsa y no verdadera, porque no se adecua a la “realidad” del agua.

A diferencia de Protágoras -y en general de los relativistas-, observamos que Tomás de Aquino pone hincapié en que la objetividad de la verdad sólo puede fundamentarse en la res o cosa, en la realidad misma. De tal manera que afirma que si la verdad es la adecuación de la inteligencia con la realidad, “resulta entonces que la cosa misma es la medida de nuestro entendimiento (res enim est mensura intellectus nostri)”.

En conclusión decimos que, sí hay un parámetro o criterio objetivo de verdad, y que éste hace referencia a la naturaleza misma de las cosas, a lo que las cosas son, y no a lo que arbitrariamente pretende el hombre individual –cada hombre- que sean.

Protágoras, precursor como hemos visto del relativismo, no hizo sino crear una falacia sobre la cual se fundamenta uno de los tipos de relativismo: el relativismo individualista. La tesis: “el hombre es la medida de todas las cosas…”, no hace sino expresar “aquella forma de relativismo para la cual el elemento condicionante de la verdad del juicio será el sujeto cognoscente individual, es decir, todos y cada uno de los hombres. La estructura de cada sujeto humano determinará la verdad del juicio”.

Esta forma de relativismo llamada individualista, propicia una postura arbitraria del hombre ante la verdad, ante el conocimiento de la realidad que; llevada al extremo, va creando en el hombre no sólo una actitud ante la verdad como algo abstracto, sino ante la verdad concreta sobre el hombre y el cosmos, lo cual puede tener serias implicaciones para la convivencia entre los hombres y de los hombres con el cosmos.

Por ejemplo: si un individuo ha determinado en su juicio “personal” (en su propia medida de la realidad) que el incendio de bosques es una actividad divertida, y lo pone en práctica, está destruyendo un bien objetivo que pertenece a todos los hombres, y que no podemos permitirlo, aunque a la persona en cuestión le parezca divertido y recreativo en “su medida y en su personal juicio”.

De igual manera pasa con los juicios de valor moral: si la moral es la ciencia que estudia la bondad o maldad de los actos humanos, decimos que debe existir una verdad sobre los mismos, y que es el hombre el que debe adecuarse a esa verdad y no pretender adecuar la verdad a su “medida” o conveniencia.

Pero, ¿qué tipo de verdad podemos conocer sobre la actuación libre del hombre, sobre la bondad o maldad de sus actos? La verdad que nos aporta el conocimiento de la naturaleza humana. Sabemos que la bondad hace relación al bien del hombre, por lo que, para determinar objetivamente que algo es bueno, tenemos que demostrar que efectivamente es bueno para el hombre, esto quiere decir que lo perfecciona, desarrolla, plenifica -como un ser inteligente, libre, capaz de amar y trascender-, y que, por consecuencia, lo lleva a la felicidad como a su fin propio. Por el contrario, algo es malo cuando corrompe, destruye y/o limita al hombre y por consecuencia lo hace infeliz. Este criterio nos ayuda a determinar de manera objetiva la moralidad de la acción humana, pues está basado en la naturaleza o ser del hombre y no en una medida o criterio subjetivo.

Como podemos ver, es fundamental el concepto de hombre que tengamos. Hay que aspirar a un conocimiento de la persona humana que sea integral y veraz, ya que, si mi concepto de hombre es falso, limitado o parcial, la moralidad de las acciones será juzgada también con falsedad o parcialidad. Concebir al hombre como pura materia y negar, “porque esa ha sido mi medida sobre el hombre”, la dimensión espiritual, libre y trascendente del hombre, me llevará a dar un juicio de valor positivo sólo a aquellas acciones que desarrollen al hombre materialmente (ya sea en su dimensión corporal, económica o de capacidad de gozo y placer). Por el contrario, si mi concepto de hombre es únicamente de un ser espiritual, daré un juicio de valor positivo sólo a las acciones que lo desarrollen espiritualmente (en su dimensión religiosa, trascendente, intelectual, volitiva…), tratándolo tal vez como un ángel y no como quien es.

Ninguna de estas visiones sobre el hombre se adecua a la realidad del mismo, ya que analizando el ser y el actuar del hombre, observamos que éste realiza actos sensitivos (materiales) como el moverse, comer, respirar…, pero también realiza actos de tipo intelectual (espirituales o inmateriales) como pensar, amar, elegir… Por tanto, el hombre es un ser tanto material como espiritual, es corporal, pero tiene inteligencia y libertad, por lo que necesita, para su pleno desarrollo, de la adquisición de bienes de índole material, pero también de índole espiritual. Y como lo que regula la conducta del hombre es su inteligencia y voluntad (capacidades superiores en el hombre), todos los bienes que el hombre adquiere deben ser ordenados por su inteligencia. Cuando el hombre adquiere un bien de manera desordenada, ese bien se convierte en un mal para él, porque no lo perfecciona sino que, por el contrario, lo corrompe o aniquila. Por ejemplo, si Lucía utiliza una droga como medicamento, esa droga es un bien, porque está ordenada a la mejora y salud de Lucía, pero si Lucía utiliza una droga para experimentar los efectos de placer que trae consigo, esa droga no sólo no le ayuda en su mejora personal, sino que le es dañina y destructiva.

Podemos concluir que: si un hombre decide inventar criterios de moralidad alejados de la naturaleza humana, de su perfeccionamiento, finalidad, y del bien que le corresponde de suyo, esos criterios -aunque “medidos y determinados” por un hombre concreto-, no dejarán de ser erróneos y de lastimar y dañar su naturaleza.

Por otro lado, si rechazamos como fundamento de la moralidad a la naturaleza humana, sucede que la moralidad entera se nos desmorona, ya que la moralidad quedará al acecho de una voluntad egocéntrica que busca fijar sus propios principios de actuación aunque se dañe a sí misma, a sus semejantes o a otros seres de la naturaleza. Lo importante para esa voluntad será únicamente “ser la medida” y no someterse a una medida ya dada.

Pensemos y reflexionemos por unos minutos sobre nuestra realidad más cotidiana… ¿No es verdad que la mayoría de las veces en que negamos la verdad de un criterio moral, es en el fondo porque buscamos justificar una conducta inmoral? No es extraño ver que quien ha mantenido relaciones sexuales con una persona que no es su cónyuge, y no “quiera” dejar o romper con dicha relación por el placer o adicción que le provoca, acabe por buscar argumentos que justifiquen su actuación, al punto muchas veces de llegar a negar que la fidelidad sea un criterio verdadero y bueno para el matrimonio.

Si negamos que la verdad es universal y tiene como fundamento la naturaleza de cada ser, nos podemos preguntar: ¿dónde se fundamentan y encuentran su cimiento los derechos humanos, esos derechos universales y válidos para todos los hombres…?

Vivimos en una época en donde el hombre, buscando ser “la medida de todas las cosas”, pretende ser el árbitro y medida incluso de los derechos humanos, esos derechos inalienables que nos corresponden a todos los hombres por el hecho de serlo (es decir, por naturaleza). Tal es el caso de la negación del primer y fundamental derecho: el derecho a la vida. ¿Por qué hemos cuestionado este derecho? ¿Por qué en tantas legislaciones observamos que el derecho a la vida ha quedado desprotegido, despenalizando el aborto o la eutanasia? ¿Por qué buscamos tantos argumentos falsos que justifiquen quitarle la vida a otro?

Hemos permitido que “el hombre sea la medida de todas las cosas…”, incluso de los demás hombres. Un grupo de personas deciden y pactan en una legislación que los niños que tienen alguna malformación genética “No tienen derecho a vivir”, ¿acaso no es éste el mismo crimen que cometió Hitler al determinar y decidir que los judíos no tenían derecho a vivir? En ambos casos, el (o los) hombres han pretendido ser “LA MEDIDA”, la medida que determine quién tiene derecho y dignidad de persona y quién no.

Las normas éticas no son producto de condicionamientos sociales o culturales, tampoco son el resultado de la llamada “evolución histórica”, y mucho menos de una suma de voluntades o de una única voluntad caprichosa. O las normas éticas se fundamentan en la naturaleza humana, en lo que es el hombre, en la dignidad que tiene por sí mismo, en su finalidad intrínseca –ser feliz y trascender-, o no tienen fundamento alguno. Y si acabamos con las normas éticas y con los derechos humanos, seamos honestos, vamos en camino de acabarnos los unos a los otros.

Ahora bien, las leyes morales, objetivas y universales, sólo pueden ser descubiertas por el hombre analizando con profundidad al hombre mismo. Este es el reto, descubrir la verdad sobre el hombre y adecuarse a esa realidad y medida. Si el hombre busca a toda costa imponer su propia medida, va en camino de destruir lo que le rodea y de destruirse a sí mismo; ésta es la triste consecuencia que nos espera.

Como vemos, el relativismo no es sólo una actitud teórica y abstracta, es una realidad que permea nuestra vida cotidiana. Por eso me pregunto ¿no será acaso esa actitud de vida que hemos asumido, esa falta de compromiso leal con la verdad, lo que ha llevado al hombre al vacío existencial en el que vive, a no encontrar su plenitud y verdadera felicidad?

El hombre no es feliz siguiendo caprichosamente su propio placer e imponiendo su propia y egoísta medida a las cosas; no es feliz con una actitud relativa ante el mundo, los demás y él mismo. La experiencia y la vida diaria nos indican que el hombre sólo es feliz cuando conoce la verdad y actúa en consecuencia, cuando busca y se compromete con el auténtico bien, en definitiva, cuando se dirige al fin al que por naturaleza tiende.

No nos engañemos: el hombre sí es capaz de conocer la verdad y de seguir el bien. La postura relativista no es sino una antigua postura que busca hacer del hombre el centro del universo y pretende adaptar la verdad a la conveniencia del momento. Sin embargo -como hemos visto-, esta postura no tiene fundamento alguno y es en sí misma contradictoria. La propuesta es tener una actitud sencilla y leal para con la verdad, y ser valiente en la elección del bien. Este es el camino que lleva al hombre a encontrarse consigo mismo, a relacionarse con los demás y a respetar la naturaleza, en definitiva sólo esta actitud de lealtad y compromiso con la verdad lleva a la auténtica felicidad, a la felicidad profunda y duradera.

BIBLIOGRAFÍA:

1. Oliveros F. Otero, Educación y Manipulación, Editorial Minos, 1987.
2. Gevaert Joseph, El Problema del Hombre, Ediciones Sígueme, Salamanca 1993.
3. Damm Arnal Arturo, Falacias Filosóficas, Editorial Minos, México DF, 1991.
4. Yepes Stork Ricardo, Fundamentos de Antropología, EUNSA, 1996.
5. ATT, Gran Enciclopedia Rialp, Tomo XIX, Editorial Rialp, Madrid España, 1973.
6. Gambra Rafael, Historia Sencilla de la Filosofía, Editorial Minos, México DF, 1986.
7. Gómez Pérez Rafael, Problemas Morales de la Existencia Humana, Editorial Magisterio Español, España 1980.
8. Llano Alejandro, Gnoseología, EUNSA, Pamplona España, 1984.

28/07/2011

Los abortistas lo admiten: «a veces los bebés nacen vivos y giran y giran por el váter» @Infocatolica

Tanto me ha impresionado este artículo de Juanjo Romero en Infocatólica, que me permito reproducirlo íntegro.
(Te recomiendo que sigas los artículos de Juanjo Romero, tanto en Infocatólica, como el sitio conoZe.com).

Es terrible, terrible.

Y al mismo tiempo temible el grado de perversión, de maldad, que se está apoderando, que está impregnando a cada uno de los miembros de esta sociedad, de este siglo que nos ha tocado vivir.

Toda esta carnicería, todo este holocausto, realmente deja inermes e inertes a nuestros congéneres!?.

Tan fácil nos resulta volver la cabeza, mirar a otro lado, y seguir con lo nuestro (“esperemos que no me vea en la obligación de tener que pasar por esto”. “Y si tengo que pasar por esto, esperemos que el ‘carnicero’ haga bien su trabajo y no me deje colgado con un tullido, un lisiado, … para toda la vida”)!?.

Me resisto a pensar que mi vecino, mi compañero de trabajo, el que me cruzo todos los días en el semáforo y en la ventanilla del metro, se ha petrificado de tal manera, que su sentir, que su vivir ya no es siquiera el de un animal, sino el de un virus, una alimaña que se come a sus crías, que devora el ser que lo sustenta.

¿¡Cómo será juzgada esta generación!?

Te dejo con el artículo de Juanjo Romero (no lo dejes pasar sin reflexionar, sin compartirlo):

 

Los abortistas lo admiten: «a veces los bebés nacen vivos y giran y giran por el váter»

A las 8:32 AM, por Juanjo Romero
Categorías : Aborto

Creo que hace falta un planteamiento elemental, accesible a cualquiera, independiente de conocimientos científicos o teológicos, que pocos poseen, de una cuestión tan importante, que afecta a millones de personas y a la posibilidad de vida de millones de niños que nacerán o dejarán de nacer.

Esta visión ha de fundarse en la distinción entre «cosa» y «persona» […]

¿No se tratará de esto precisamente? ¿No estará en curso un proceso de «despersonalización», es decir, de «deshominización» del hombre y de la mujer, las dos formas irreductibles, mutuamente necesarias, en que se realiza la vida humana? Si las relaciones de maternidad y paternidad quedan abolidas, si la relación entre los padres queda reducida a una mera función biológica sin perduración más allá del acto de generación, sin ninguna significación personal entre las tres personas implicadas, ¿qué queda de humano en todo ello? Y si esto se impone y generaliza, si a finales del siglo XX la Humanidad vive de acuerdo con esos principios, ¿no habrá comprometido, quién sabe hasta cuándo, esa misma condición humana? Por esto me parece que la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo que se va acercando a su final.

La cuestión del aborto – Julián Marías; 21/12/2007

Me he permitido esta larga cita de Marías por la crudeza del tema. Traspasa la frontera de la deshumanización. El animal está sujeto a sus instintos, el hombre sin la ley natural cae más bajo, no tiene frenos.

Ha tenido lugar en Florida el juicio contra el abortista Pendergrast, demandado por Carol Howard, que se sometió a un aborto en su clínica en 2004. La niña sobrevivió. Hoy tiene diez años y sufre varias discapacidades: parálisis cerebral, pérdida de la función del lado izquierdo del cuerpo, problemas cerebrovasculares, discapacidad mental, enfermedad pulmonar crónica y convulsiones.

El jurado ha condenado a Pendergrast por «hacer mal su trabajo». Lo más duro ha sido oír el frío relato del doctor y sus ayudantes:

sí, los bebés se arrojan al inodoro y muchas veces siguen vivos girando alrededor de la taza del váter

Pendergrast está especializado en «abortos tardíos», realiza una inyección intra-cardiaca al bebé. Extraer bebé muerto ya no es un «aborto terapéutico», así que se puede enviar a la madre a casa para que la traten en los centros de salud habituales. Incluso el asesinato puede llevarse a cabo en un Estado con leyes más permisivas en cuanto a los plazos y después la madre es tratada cerca de casa. Los médicos estarán obligados a atenderla porque la vida de la mujer corre peligro.

Reconozco que no soy capaz de meterme en la cabeza de semejante bestia y no puedo imaginarme el proceso de encallecimiento del alma. Debe ser desgarrador. Pero todavía me entra menos que la sociedad lo ampare y jalee. En España ya son ‘derechos de la mujer‘, en otras partes del mundo también. El voto es libre, luego responsable.

Porque no nos engañemos, aquí no hay cuestión de grado, da igual quemar al bebé con sal en el útero; darle la puntilla en la nuca según asome la cabeza pero antes de que respire, trocearlo dentro o tomar una pastillita porque todavía es muy pequeñito y no se nota; … o esperar que se lo trague una alcantarilla.

Semejante sociedad está llamada a la autodestrucción. Ella misma ha liberado lo peor que tiene, ¿por qué después de esto va a detenerse ante otras cosas? A Pendergrast se le juzga por no haber terminado bien un trabajo legal.

 

 

28/07/2011

Abortion and Black Genocide (Barack Obama and the Negro Project)

President George W. Bush and President-elect B...

Image via Wikipedia

Abortion and Black Genocide (Barack Obama and the Negro Project)

26/07/2011

Emilio Calatayud – Lección Magistral

Juez del Tribunal de Menores de Granada.

Lección Magistral.

¡¿Hemos perdido los papeles!?

28/05/2011

Socialista ateo francés: “Hijo mío, no te eximiré de estudiar religión”

Jean Jaurès.
 

Religión Confidencial publicó el jueves la carta del socilista francés, ateo, Jean Jaurès, fundador del periódico de izquierdas L´Humanité, a su hijo explicándole los motivos por los cuales no le enviaría un justificante que le eximiera de recibir formación en religión.

Merece la pena la lectura íntegra de las razones esgrimidas por el fundador de L´Humanitè:

·

Querido hijo:

Me pides un justificante que te exima de cursar religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás.

No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre pero, tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión.

Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son, hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por tu ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?

Dejemos a un lado la política y las discusiones y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender historia y la civilización de los griegos y de los romanos y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen?

En las letras ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente de cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? –éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau-.

Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas.

¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencia preclaras.

Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía en el simple ‘savoir vivre”, hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos por lo menos comprenderlas para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo: convéncete de lo que digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión, pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de ordinario los hechos y el sentido común.

Muchos anti-católicos conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.

Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen la facultad de serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad exige la facultad de poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero precisa hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación.

Recibe, querido hijo, el abrazo de TU PADRE.

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Impresionante!

“Te sorprenderá esta carta, pero precisa hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación.”

“Muchos anti-católicos conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.”

” no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen la facultad de serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión.”

” la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencia preclaras.”

Fue asesinado 3 días antes del comienzo de los enfrentamientos de la Primera Guerra Mundial, por su decidida oposición a la violencia y a la guerra.

Su asesino fue puesto en libertad al año siguiente al fin de la guerra.

Todo mi respeto a este hombre coherente.

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